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Encargos que se resuelven por el espacio, no por catálogo

Antes de cortar preguntamos por el peso de la tela, la medida exacta y el punto donde va a anclar la pieza. De ahí salen las decisiones de grosor, costura y remache. Un ventanal alto no pide lo mismo que una mesa de trabajo, y una alfombra que recibe pasos diarios necesita un canto distinto al de una pieza que casi no se mueve.

Loft con ventanales altos

Sujeciones de cortina en piel coñac de curtido vegetal, con costura de silla y dos remaches de latón macizo. El cuero aguanta telas pesadas sin ceder y el latón envejecido dialoga con la estructura vista sin competir con ella.

Vivienda con suelo de madera

Alfombras de cuero natural con base que no resbala, pensadas para integrarse con la pátina de los muebles. El canto se cose a mano para que no se levante con el roce y la pieza se mantenga plana sobre el parqué.

Local de hostelería

Piezas que soportan el uso continuado y se limpian con un paño húmedo. Elegimos cueros con veta cerrada y remaches bien asentados para que el desgaste diario no abra la costura ni deforme el borde.

Proyecto de interiorismo

Cuando la pieza forma parte de una obra mayor, preparamos muestras previas para ajustar la veta y el tono al resto de materiales. Así se decide el acabado antes de cortar la piel definitiva.

Cada encargo se ajusta al espacio que va a recibir la pieza. Si quieres ver cómo trabajamos el detalle, revisa los recursos del taller o escríbenos desde la página de contacto.

Lo que cambia cuando la pieza se corta para tu espacio

En los encargos que pasan por el taller, la diferencia casi nunca está en el acabado final, sino en lo que se decide antes de cortar. Preguntamos por el peso de la tela, la medida real del hueco y el punto donde va anclado el herraje, porque de eso depende que un podador de cortina aguante la cortina pesada de un loft con ventanales altos o que una alfombra de cuero no se desplace sobre el suelo de madera.

El trabajo se organiza por espacio, no por catálogo. Un local de hostelería necesita piezas que se limpien con un paño húmedo y resistan el uso diario; un proyecto de interiorismo pide muestras previas para ajustar la veta al resto de materiales. Por eso cada pieza se corta, se cose y se remacha según lo que el lugar va a exigirle.

Grosor elegido según la tensión real

Una piel coñac de curtido vegetal de 3,5 mm no se comporta igual que una de 2 mm cuando sostiene una cortina de lino grueso. Seleccionamos el lado de piel y el grosor a partir del peso que va a colgar del podador, no al revés.

Remaches de latón colocados en frío

El remache macizo se expande dentro del agujero con golpe en frío, sin calentar la piel. Así el metal queda fijado sin arrugar el cuero alrededor y la pieza no se deforma con los años de uso.

Canto cosido a mano, puntada por puntada

El canto rebajado con chaveta y la costura de silla con hilo encerado del mismo tono evitan que la piel se levante en los bordes. Es un trabajo más lento, pero es lo que mantiene la forma de una alfombrilla de escritorio tras años de roce.

Muestras antes de cortar el cuero definitivo

Cuando el encargo viene de un proyecto de interiorismo, enviamos recortes de piel y latón para comprobar la veta y el tono junto al resto de materiales del espacio. Cortar sin esa comprobación es tirar piel.

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Si quieres ver cómo se aplica esto a un encargo concreto, en recursos del taller están los procesos de corte y remachado explicados paso a paso, o puedes escribirnos directamente desde contacto.

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