El canto no se abre con el uso
Rebajamos y cosimos el borde a mano para que el roce diario de la cortina no levante la piel. En un sujeción de cortina esto se traduce en que la pieza sigue recta después de meses de abrir y cerrar.
No hace falta desmontar nada para saber si un remache aguanta o si la piel se va a estirar con el peso de la tela. Estas son las cosas que se comprueban en el taller antes de que una pieza salga.
Rebajamos y cosimos el borde a mano para que el roce diario de la cortina no levante la piel. En un sujeción de cortina esto se traduce en que la pieza sigue recta después de meses de abrir y cerrar.
Perforamos al diámetro exacto del vástago y remachamos sin calentar el cuero. Así el metal queda firme y la piel de alrededor no se arruga ni se marca más de lo necesario.
Cada piel de curtido vegetal tiene zonas más claras y más oscuras. No las tapamos con tinte: las anotamos y repartimos el corte para que la pieza envejezca de forma pareja con el roce y la luz.
Puedes ver el detalle del proceso en los recursos del taller o escribirnos directamente desde contacto si tienes una medida concreta en mente.
Notas del taller sobre cortes, curtidos y herrajes que aparecen una y otra vez en las conversaciones con quien va a colgar o apoyar la pieza.
Un sujeción de cortina empieza por elegir el lado de piel: curtido vegetal de al menos 3,5 mm, sin cicatrices en la zona que quedará a la vista. El corte se hace con cuchilla de zapatero siguiendo una plantilla de cartón trazada para cada encargo, porque la piel gruesa no admite el corte en serie sin perder el borde limpio. Después se rebaja el canto, se cose con hilo encerado del mismo tono y se remachan en frío los dos latones macizos que fijan la pieza.
La piel de curtido vegetal reacciona al roce, a la luz y a la grasa de las manos de una forma que el curtido al cromo no iguala: se oscurece, se vuelve más flexible y muestra un brillo profundo que ningún tinte imita. En un tapete, esa evolución se ve en las zonas de apoyo del ratón y del cuaderno. Limpiar con paño seco y aplicar cera neutra cada pocos meses basta para que el envejecimiento sea uniforme.
El remache se coloca golpeando con martillo de bola sobre un yunque pequeño, para que el metal se expanda dentro del agujero sin calentar el cuero. Antes hay que perforar con punzón hueco del diámetro exacto del vástago: un agujero mayor deja el remache flojo y uno menor arruga la piel alrededor. Conviene dejar al menos un centímetro hasta el borde, y con los años el latón se oscurece hasta una pátina verdosa que combina con el tono coñac.