Cada sujeción y cada alfombrilla salen del taller con variaciones propias del cuero curtido y del latón macizo. Estas notas explican qué se considera normal en una pieza terminada y qué no.
La piel de curtido vegetal no llega con un color uniforme. Dos sujeciones cortadas del mismo lado pueden mostrar vetas más oscuras en una zona y más claras en otra, y esa diferencia se acentúa con el roce de la mano. No es un defecto de teñido: es la superficie del animal trabajada tal cual. Si buscas un tono plano y repetible en varias piezas seguidas, el cuero natural no lo da.
El latón macizo se coloca en frío y con el uso pierde brillo en los bordes hasta tomar un tono apagado, a veces con un matiz verdoso en la humedad del ambiente. Es el comportamiento esperado del metal sin barniz. No conviene pulirlo con productos abrasivos: basta un paño seco para retirar el polvo y dejar que la pátina avance a su ritmo.
Las piezas se cortan a mano sobre una plantilla trazada para cada encargo, así que la medida final puede variar unos milímetros respecto a la referencia. En una alfombrilla, ese margen apenas se nota sobre la mesa; en una sujeción de cortina, conviene confirmar el ancho de la tela antes de cortar la piel, porque el grosor del pliegue condiciona el ajuste.