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Qué entra y qué no en esta revisión

Antes de encargar una sujeción de cortina o una alfombrilla, conviene dejar claro qué comprobamos, qué queda fuera de nuestro alcance y qué esperamos del uso diario. Así no hay malentendidos después.

Piezas que revisamos una a una

Cada sujeción y cada alfombrilla pasa por una comprobación manual antes de salir del taller: alineado de los agujeros, tensión del hilo encerado y asiento del remache de latón. Si el vástago gira o la cabeza no queda plana, la pieza se desmonta y se vuelve a coser. No enviamos nada que no hayamos sujetado con las manos primero.

Lo que la pátina no es un defecto

La piel de curtido vegetal se oscurece con el roce y el latón macizo pierde brillo hasta tomar un tono más apagado. Eso ocurre en cualquier pieza de piel gruesa expuesta a la luz y a las manos, y forma parte del comportamiento normal del material. No lo tratamos como una tara ni lo cubrimos con acabados que impidan ese cambio.

Encargos que no aceptamos

No trabajamos pieles de curtido al cromo ni grosores por debajo de los tres milímetros, porque el remache no asienta igual y el canto se deshilacha con el uso. Tampoco reproducimos piezas de otros talleres a partir de una foto: cada plantilla se traza para el encargo concreto, con la medida de la barra o del escritorio delante.

Qué necesitamos para empezar

Para una sujeción de cortina, el ancho de la tela recogida y la altura a la que va montada. Para una alfombrilla, las medidas de la superficie y si el borde irá visto o pegado al canto. Con esos datos elegimos el lado de piel, marcamos los agujeros y confirmamos el tono del hilo antes de cortar.

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